Jaula de Leones (Segunda Parte).

Tenemos poco tiempo para conocer nuestro alrededor. Uno de esos momentos, de manera fortuita, o de manera programada me llegas al corazón, desde entonces te empieza a importar la otra persona. Uno no se da cuenta de ciertas cosas, la vida que uno va llevando es distraída por los golpes fuertes que ella misma te da, y en lo que prestamos nuestra atención para no recibir otro más certero. Tratamos de cuidarnos hasta donde más podemos, intentamos que no nos lastimen, y quizás en ese pentagrama nos escondemos como silencio.

Ella, al igual de silenciosa y de bajo perfil como quien escribe en estos momentos, padecemos de una vida sincronizada en motivaciones que pasan por la lectura, por mirar el entorno en que fuimos llevados, pero por sobre todas las cosas, el tratar de encontrarle un sentido real a lo que tenemos dentro. La soledad nos unió, y nos acompaño por algunos tiempos prologados, pero no en el casi siempre.

No he sabido hasta donde han llegado mis pocas palabras, ni mis letras escritas desde esa computadora. He sentido y así han viajado hasta vos. Estoy hecho del arte de sentir, que de otra arte. Pensé que no volvería a transitar por aquí, pero ya ves Luisa, tus letras son importantes como para dejarlas ir. Tu vida importa en el cielo y acá en la tierra, y lo que concierne a este chico, le produces una sonrisa bien extraña.
¿Te acuerdas la noche en que me levantaste? 
Bueno, volviste hacer lo mismo, solo que esta vez me despertarte, y sonreí sin saber porque.
La guerra no termina para nosotros. La melancolía de la felicidad de estar triste, el abrazo en la distancia de levantarse por saber quién eres, la jaula de leones no mato a ninguno de los dos, y eso es lo mejor para ambos.